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12.4.09

Cae a mazazos un muro que pretendía dividir a ricos y pobres en Buenos Aires

Indignación en Argentina por una pared divisoria. El muro que separa a dos poblaciones, una rica y otra pobre, de la provincia Buenos Aires, causó revuelo. De hecho lo que se había construido del muro fue derribado por un grupo de indignados vecinos.


Su construcción fue impulsada por el intendente de la Municipalidad San Isidro, a unos 30 kilómetros al norte de la capital argentina. Vecinos del municipio San Fernando y camioneros tumbaron la pared a mazazos. Un juez había frenado la construcción, pero pidió más policías.


Al igual que en Caracas, la delincuencia hace estragos en Buenos Aires. El polémico muro que la Municipalidad de San Isidro levantó en su límite con el municipio de San Fernando para, supuestamente, bloquear el ingreso de delincuentes, quedó reducido a escombros.

A mazazo limpio, vecinos e integrantes del gremio de Camiones lo destruyeron.

Además, la Justicia impidió su construcción, pero también le ordenó al gobierno bonaerense que lleve más policías a San Isidro.

La obra del muro, una idea del intendente sanisidrense Gustavo Posse, comenzó el martes, en la calle Uruguay. Iba a tener originalmente 800 metros, pero luego Posse dijo que sólo serían 250. Y dividiría el humilde barrio de Villa Jardín, en San Fernando, de La Horqueta, uno de los barrios ricos de San Isidro.

Su construcción levantó críticas unánimes y un fuerte enfrentamiento político entre Posse y el kirchnerismo. Los vecinos denunciaron discriminación, la Provincia afirmó que no lo iba a permitir, y la presidenta Cristina Kirchner dijo que era una “involución”. Pero Posse, ahora alejado de los K, insistió con el paredón de tres metros de cemento y rejas.

El miércoles, algunos vecinos habían derribado una parte. Pero llegaron los demoledores. Según voceros de San Isidro, “seis integrantes del gremio de Camioneros bajaron de un Volkswagen Polo con mazas y fueron a voltear el muro, mientras la Policía los miraba. La patente es FTQ693 y confirmamos que pertenece al Sindicato de Camioneros. Por eso presentamos una denuncia penal por destrucción de bienes públicos”.

Las imágenes televisivas mostraron que, efectivamente, cerca de las 10 varias personas con gorras y camperas con los logos del gremio de Camioneros -liderado por el kirchnerista Hugo Moyano-demolieron el muro junto a vecinos. “Somos recolectores de residuos, vivimos acá. Esto no tiene nada que ver con el gremio. Que Posse no discrimine a los pobres”, dijeron los del sindicato.

Casi al mismo tiempo, el juez de menores Fernando Ribeiro Cardadeiro, de los Tribunales de San Isidro, otorgó una medida cautelar pedida por vecinos y el municipio de San Fernando y ordenó frenar la obra. Pero también le pidió a la Policía de la zona norte que “destaque mayor cantidad de móviles y personal policial” en Villa Jardín.

Posse confirmó que suspendía la obra provisoriamente. En un comunicado informó que lo hacía “ante la instancia judicial y por los hechos de violencia provocados por miembros de organizaciones sindicales y piqueteras”.

Pero agregó que “por la memoria de las víctimas del delito y el conjunto de los vecinos que día a día salen de sus hogares atemorizados” esperaba que la Provincia cumpliera con su palabra de garantizar la seguridad. En otro comunicado, sostuvieron que algunas ONG vecinales apoyaban el muro.

Más tarde, Alberto Pérez, jefe de Gabinete del gobernador Daniel Scioli, afirmó que el muro “fue una medida discriminatoria, inconsulta y con argumentos falaces”.

La Provincia ya había amenazado con impedir su construcción. Pérez agregó que habían destinado a San Isidro “mas de 200 efectivos policiales”. Y anoche insistieron con que Villa Jardín no es una zona crítica en materia de inseguridad, lo que hace pensar que no enviarán más policías, como lo pidió la Justicia.

Un dardo hacia la Iglesia

El ministro de Justicia Aníbal Fernández dijo que el muro era “un gesto horrible”, pero agregó: “Me gustaría también que la Iglesia diga lo suyo, porque monseñor Jorge Casaretto (el obispo de San Isidro), que nunca ha tenido pelos en la lengua, en esto no ha aparecido”.

El que salió a hablar fue el vicepresidente segundo del Episcopado, José María Arancedo.

Expresó que “un muro no soluciona nada y a futuro endurece las relaciones sociales y son gestos muy malos”. El propio cardenal Jorge Bergoglio, titular del Episcopado, fue consultado sobre el muro, pero se limitó a decir: “No conozco a fondo los hechos. Pero hay que seguir luchando por la seguridad”.

Otros países del mundo también han planteado la construcción de muros para dividir y supuestamente evitar hechos de violencia: Estados Unidos (EE.UU.) con su famoso muro en la frontera con México e Israel, con su pared de hormigón que separa a asentamientos judíos de poblaciones palestinas.

Los Andes

3.2.09

Aumentan los pobres en las entrañas de Buenos Aires


En Buenos Aires, aparecieron 24 nuevas villas miserias con una población estimada en 12 mil personas. Pero el universo más dramático es el total de los habitantes de esos lugares en donde se le intenta empatar al día a día. En 2001 había 108.056 personas viviendo en villas. Siete años después, ya sumaban 167.500. Por un lado, crecimiento económico para algunos. Por el otro, crecimiento de la exclusión para muchos. La marcha permanente e inalterable del capitalismo.

Escribe Carlos del Frade de APE que el crecimiento económico de la Argentina a tasas asiáticas, según definían los economistas, fue crecimiento para unos pocos.

Salvo que las cifras dadas a conocer en las últimas semanas en relación con la mayor cantidad de familias que viven en las villas miserias de Capital Federal se trate de una extraña forma del mentado crecimiento.

En todo caso habrá que repetir que el sistema está cargado de obscenidad y cinismo.

En semejante punto privilegiado del estragado mapa del país, en la llamada Ciudad Autónoma de Buenos Aires, aparecieron veinticuatro nuevas villas miserias con una población estimada en 12 mil personas.

Pero el universo más dramático es el total de los habitantes de esos lugares en donde se le intenta empatar al día a día.

En 2001 había 108.056 personas viviendo en villas.

Siete años después, ya sumaban 167.500.

Por un lado, crecimiento económico para algunos.

Por el otro, crecimiento de la exclusión para muchos.

La marcha permanente e inalterable del capitalismo.

Y nada menos que en pleno corazón del orgullo argentino, en Capital Federal, en la ciudad luz que mira siempre extasiada hacia el exterior y no repara en lo que sucede en sus propias entrañas.

"Las cifras no bajan y conviven, sin embargo, con un período de crecimiento de la economía y el empleo: coexisten aún en la ciudad situaciones de extrema pobreza con altos niveles de riqueza. El 'derrame' es insuficiente, aseguran los economistas; los guarismos de la grieta son superiores a los de los noventa, lo que muestra que la recuperación económica no se tradujo en una recuperación social. El propio ministerio del área concluye en su informe que 'el problema de la pobreza no puede ser resuelto exclusivamente con políticas de empleo: con el nivel salarial actual, aún con pleno empleo la pobreza persistiría. Con respecto a la salud, el 22,2% de los porteños no cuenta con ninguna cobertura: ni obra social, ni PAMI, ni prepagas. Los sectores más desatendidos se encuentran geográficamente en el sur de la ciudad, donde también se ubica el 72 por ciento de las villas de emergencia'", dicen los medios de comunicación.

Para Facundo Di Filippo, legislador de la Coalición Cívica, presidente de la Comisión de Vivienda, "el boom inmobiliario que vivió Buenos Aires terminó perjudicando a las personas de menos recursos. Los más pobres no pueden acceder a un crédito y tampoco llegan a pagar un alquiler, o muchos vienen del interior, o son extranjeros y no tienen garantía en Capital. Están condenados a vivir en la informalidad de la casa tomada, de la villa, de los hoteles sociales, que cada vez son menos y más caros", remarcó el funcionario.

Del Frade indica que "en las entrañas de la ciudad que siempre se comparó con Europa, va creciendo el resultado de la exclusión. Del otro lado de los números oficiales, la Argentina crepuscular del tercer milenio sigue sin ver la ferocidad de los que siempre ganan y multiplican las penas entre los que siempre pierden".

"Algún día la cosa cambiará y desde esas ninguneadas entrañas de Buenos Aires asomará un sol que quemará tanta mentira e injusticia", añade del Frade.