2.1.12

Algo extraño pasa el mundo entre pobres y ricos, dice Fukuyama

Por Francis Fukuyama

Algo extraño pasa hoy en el mundo. La crisis financiera global iniciada el 2008 y la actual crisis del euro son ambas producto del modelo de capitalismo ligeramente regulado que apareció en las tres últimas décadas. Y sin embargo, a pesar de la amplia cólera frente a las ayudas a Wall Street, no ha habido un gran resurgir del populismo americano de izquierda como respuesta. Es previsible que el movimiento Occupy Wall Street gane algo de fuerza, pero el movimiento populista dinámico más reciente hasta el momento ha sido el derechista Tea Party, cuyo principal blanco es el estado regulador que intenta proteger al ciudadano común de los especuladores financieros. Algo similar es cierto también para Europa, donde la izquierda está anémica y los partidos populistas de derechas ganan terreno.

Hay varias razones para esta falta de movilización izquierdista, pero la principal es un fracaso en el terreno de las ideas. Durante la última generación, la autoridad ideológica en temas económicos ha estado en manos de la derecha libertaria. La izquierda ha sido incapaz de presentar una agenda creíble aparte del retorno a una insostenible forma de anticuada socialdemocracia. Esta ausencia de una contra-narrativa progresista creíble no es sana, porque la competencia es buena para el debate intelectual tanto como para la actividad económica. Y es urgente un debate intelectual serio, puesto que la actual forma del capitalismo global está erosionando a la clase media sobre la que descansa la democracia liberal.

La ola democrática

Las fuerzas y condiciones sociales no “determinan” simplemente las ideologías, como Karl Marx mantuvo antaño, pero las ideas no son poderosas a menos que representen las preocupaciones de una buena parte de la gente normal. La democracia liberal es la ideología por defecto en gran parte del mundo hoy, en parte porque responde a, y es facilitada por, ciertas estructuras socioeconómicas. Los cambios en esas estructuras pueden tener consecuencias ideológicas, de la misma manera que los cambios ideológicos pueden tener consecuencias socioeconómicas.

Casi todas las ideas poderosas que han dado forma a las sociedades humanas durante los últimos 300 años fueron de naturaleza religiosa, con la importante excepción del confucianismo en China. La primera ideología secular que tuvo un efecto mundial duradero fue el liberalismo. Una doctrina asociada con la aparición de la clase media, primero comercial y después industrial, en ciertas partes de Europa en el siglo XVII. (Por “clase media” me refiero a gente que no se encuentra ni en lo alto ni en lo bajo de sus sociedades en términos de ingresos, que ha recibido al menos una educación secundaria, y que es dueña, o bien de propiedades, o bien de bienes duraderos o de sus propios negocios).

Tal y como fue enunciada por pensadores clásicos como Locke, Montesquieu y Mill, el liberalismo mantiene que la legitimidad del Estado deriva de la habilidad de éste para proteger los derechos individuales de sus ciudadanos y que el poder del Estado necesita ser limitado por su adhesión a la ley. Uno de los principios fundamentales a proteger es la propiedad privada; la Revolución Gloriosa de Inglaterra en 1688-89 fue crítica para el desarrollo del liberalismo moderno porque fue la primera en establecer el principio constitucional de que el Estado no puede legítimamente cobrar impuestos a sus ciudadanos sin su consentimiento.

Inicialmente, liberalismo no implicaba necesariamente democracia. Los Whigs que apoyaron el acuerdo constitucional de 1689 tendían a ser los mayores terratenientes de Inglaterra; el parlamento de aquel periodo representaba menos del diez por ciento de toda la población. Muchos liberales clásicos, incluyendo a Mill, eran muy escépticos acerca de las virtudes de la democracia; creían que la participación política responsable requería educación y participación en la sociedad —es decir, propiedades. Hasta finales del siglo XIX, el sufragio estaba limitado por la propiedad y los requerimientos educacionales en virtualmente todas las partes de Europa. La elección de Andrew Jackson como presidente en 1828 y la subsiguiente abolición del requerimiento de propiedad para votar, al menos en lo que respecta a los varones blancos, marcaron así una primera victoria inicial en defensa de un principio democrático más fuerte.

En Europa, la exclusión de la vasta mayoría de la población del poder político y el ascenso de la clase obrera industrial abrió el paso al marxismo. El Manifiesto Comunista fue publicado en 1848, el mismo año que la las revoluciones se extendieron por todas las grandes capitales europeas, excepto el Reino Unido. Y comenzó así un siglo de competencia por el liderazgo del movimiento democrático entre comunistas, que estaban dispuestos a deshacerse del procedimiento democrático (las elecciones multipartidistas) a favor de lo que creían era una democracia sustantiva (la redistribución económica), y los demócratas liberales, que creían en ampliar la participación política manteniendo al mismo tiempo el dominio de la ley en defensa de los derechos individuales, incluyendo los derechos de propiedad.

Estaba en juego la adhesión de la nueva clase obrera. Los primeros marxistas creían que podrían vencer por la fuerza pura de los números: a medida que el sufragio se amplió a finales del siglo XIX, partidos como el Laborista del Reino Unido y el de los socialdemócratas alemanes crecieron y amenazaron la hegemonía, tanto de conservadores como de los liberales tradicionales. Hubo una fuerte resistencia contra el ascenso de la clase trabajadora, a menudo por métodos no democráticos; los comunistas, y muchos socialistas, a su vez, abandonaron la democracia formal a favor de la toma directa del poder.

A lo largo de la primera mitad del siglo XX, hubo un claro consenso en la izquierda progresista de que algún tipo de socialismo —certeza de que el control gubernamental de los lugares decisivos de la economía era necesario para asegurar una distribución igualitaria de la riqueza— resultaba inevitable para todos los países avanzados. Incluso un economista conservador como Joseph Schumpeter pudo escribir en su libro de 1942, Capitalismo, socialismo y democracia, que el socialismo emergería victorioso porque la sociedad capitalista se estaba autodestruyendo culturalmente. Se creía que el socialismo representaba la voluntad y los intereses de la amplia mayoría del pueblo en las sociedades modernas.

Sin embargo, incluso cuando los grandes conflictos ideológicos del siglo XX se desarrollaban en el plano político y militar, sucedían cambios críticos a un nivel social que minaban la hipótesis marxista. Ante todo, los estándares reales de la clase obrera industrial continuaron creciendo, hasta el extremo que muchos obreros o sus hijos pudieron unirse a la clase media. Segundo, el tamaño relativo de la clase obrera dejó de crecer y comenzó en realidad a declinar, sobre todo en la segunda mitad del Siglo XX, cuando los servicios comenzaron a desplazar a la fabricación en las que fueron llamadas economías “postindustriales.” Finalmente, un nuevo grupo de gente pobre o sin ventajas emergió por debajo de la clase obrera industrial —una mezcla heterogénea de minorías étnicas y raciales, inmigrantes recientes, y grupos sociales excluidos, como las mujeres, los gays y los incapacitados. Como resultado de esos cambios, en la mayoría de las sociedades industrializadas, la vieja clase obrera se convirtió tan sólo en otro grupo de interés doméstico, uno que empleaba el poder de los sindicatos para proteger sus ganancias de tiempos pasados.

En consecuencia, la clase económica resultó no ser el gran estandarte tras el cual movilizar a la población para la acción política en los países industriales avanzados. La Segunda Internacional tuvo una desagradable llamada de atención en 1914, cuando las clases trabajadoras de Europa abandonaron los llamados a la lucha de clases y se sumaron a líderes conservadores que predicaban eslóganes nacionalistas, un patrón que persiste hasta hoy en día. Muchos marxistas trataron de explicar esto, de acuerdo con lo que el académico Ernest Gellner llamó “la teoría de la dirección equivocada”:

De la misma manera que los musulmanes chiítas extremistas mantienen que el arcángel Gabriel se equivocó, entregando el mensaje a Mahoma cuando estaba destinado a Alí, a los marxistas básicamente les gusta pensar que el espíritu de la historia o la conciencia humana han cometido un terrible error. El mensaje movilizador estaba destinado a las clases, pero por algún terrible error postal fue entregado a las naciones.

Gellner argumentó que la religión ejerce una función similar al nacionalismo en el Medio Oriente contemporáneo: moviliza con éxito a la gente porque tiene un contenido espiritual y emocional del que carece la conciencia de clase. De la misma manera que el nacionalismo europeo fue llevado por los europeos del campo a las ciudades en el siglo XIX, también ahora el islamismo es una reacción a la urbanización y el desplazamiento que tiene lugar en las sociedades del Medio Oriente contemporáneo. La carta de Marx nunca será entregada a la dirección marcada como “clase social.”

Marx creía que la clase media, o al menos el pedazo de eso que él llamaba burguesía que era dueño del capital, seguiría siendo siempre una minoría pequeña y privilegiada dentro de las sociedades modernas. Lo que sucedió en su lugar es que la burguesía y la clase media acabaron constituyendo la amplia mayoría de la población en los países más avanzados, causando problemas al socialismo. Desde tiempos de Aristóteles, los pensadores han creído que las democracias estables reposan sobre una clase media y que las sociedades con extremos de riqueza y pobreza son susceptibles al dominio oligárquico o a la revolución populista. Cuando gran parte del mundo desarrollado triunfó al crear sociedades de clase media, el atractivo del marxismo se desvaneció. Los únicos lugares del mundo en que el radicalismo izquierdista persiste como fuerza poderosa son sitios con gran desigualdad, como algunos lugares de América Latina, Nepal y las regiones empobrecidas de la India.

Lo que el politólogo Samuel Huntington etiquetó como la “tercera ola” de la democratización global, que comenzó en el sur de Europa en los setentas y culminó con la caída del comunismo en Europa Oriental en 1989, aumentó el número de democracias electorales alrededor del mundo —eran alrededor de 45 en 1970 y terminaron siendo más de 120 a finales de los noventa. El crecimiento económico ha conducido a la aparición de nuevas clases medias en países como Brasil, India, Indonesia, Sudáfrica y Turquía. Como ha señalado el economista Moisés Naim, esas clases medias están relativamente bien educadas, poseen propiedades y están tecnológicamente conectadas con el mundo exterior. Son exigentes con sus gobiernos y se movilizan fácilmente como resultado de su acceso a la tecnología. No debería sorprendernos en absoluto que los principales instigadores de los alzamientos de la Primavera Árabe fueran tunecinos y egipcios bien educados, cuyas ambiciones de trabajo y participación política se veían bloqueadas por las dictaduras bajo las que vivían.

La gente de clase media no apoya necesariamente a la democracia por principio: como todo el mundo, son actores egoístas que quieren proteger su propiedad y posición. En países como China y Tailandia, mucha gente de clase media se siente amenazada por las demandas redistributivas de los pobres, y en consecuencia se han puesto del lado de gobiernos autoritarios que protegen sus intereses de clase. Tampoco las democracias logran necesariamente cumplir siempre con las esperanzas de su propia clase media, y cuando no lo hacen éstas se inquietan.

¿La alternativa menos mala?

Existe hoy un amplio consenso global sobre la legitimidad, al menos en principio, de la democracia liberal. En palabras del economista Amartya Sen: “Aunque la democracia no es aún practicada universalmente, ni aceptada uniformemente, en el clima general de la opinión mundial, el gobierno democrático ha alcanzado el estatus de ser considerada como generalmente correcta.” Es comúnmente aceptada en países que han alcanzado un nivel de prosperidad material suficiente como para permitir a una mayoría de sus ciudadanos pensar en sí mismos como clase media, que es por lo que tiende a existir una correlación entre altos niveles de desarrollo y democracia estable.

Algunas sociedades, como Irán y Arabia Saudita, rechazan la democracia liberal a favor de una forma de teocracia islámica. Sin embargo, esos regímenes han llegado al final de su desarrollo, siguen vivos tan sólo porque están instalados encima de amplias reservas de petróleo. Existió antaño una amplia excepción árabe frente a la Tercera Ola, pero la Primavera Árabe ha demostrado que el público árabe puede movilizarse contra la dictadura tan rápidamente como aquel de Europa Oriental y América Latina. Esto no significa, desde luego, que el camino hacia una democracia que funcione bien vaya a ser sencillo en Túnez, Egipto o Libia, pero sí sugiere que el deseo de libertad política y participación no es una peculiaridad cultural de europeos y americanos.

El más serio desafío a la democracia liberal en el mundo actual llega desde China, que ha combinado un gobierno autoritario con una economía parcialmente de mercado. China es heredera de una larga y orgullosa tradición de gobierno burocrático de alta calidad, que tiene cerca de dos mil años. Sus líderes han administrado una transición increíblemente compleja desde una economía centralizada, planificada a la manera soviética, hasta una dinámica abierta y lo han hecho con admirable competencia —más competencia, seamos francos, que la mostrada por los líderes estadounidenses en la administración de su propia política macroeconómica reciente. Mucha gente admira el sistema chino no sólo por sus logros económicos sino también porque puede tomar amplias y complejas decisiones rápidamente, en comparación con la agonizante parálisis política que ha golpeado tanto a los Estados Unidos como a Europa durante los últimos años. A partir, sobre todo, de la reciente crisis financiera, los chinos han comenzado a alardear del “modelo chino” como alternativa a la democracia liberal.

Es improbable que este modelo llegue a convertirse en una alternativa seria a la democracia liberal en regiones fuera de Asía Oriental. Ante todo, el modelo es culturalmente específico: el gobierno chino se encuentra construido en torno a una larga tradición de reclutamiento meritocrático, oposiciones para los cargos públicos y deferencia hacia la autoridad tecnocrática. Pocos países en vías de desarrollo pueden esperar emular este modelo; aquellos que lo han hecho, como Singapur y Corea del Sur (al menos en un periodo anterior), ya estaban dentro de la zona cultural china. Los mismos chinos son escépticos acerca de si su modelo puede ser exportado; el así llamado “consenso pekinés” es una invención occidental, no china.

Tampoco está claro que el modelo pueda sostenerse. Ni el crecimiento basado en la exportación ni la aproximación a la toma de decisiones desde lo alto continuarán dando buenos resultados para siempre. El hecho de que el gobierno chino no permita la discusión abierta del desastroso accidente del ferrocarril de alta velocidad el pasado verano y no pueda poner al Ministerio de Ferrocarriles responsable del mismo bajo su control, sugiere que existen otras bombas de tiempo escondidas tras la fachada de la toma eficiente de decisiones.

Finalmente, China se enfrenta con una gran vulnerabilidad al final del camino. El gobierno chino no obliga a sus funcionarios a respetar la dignidad básica de sus ciudadanos. Casa semana hay nuevas protestas sobre confiscación de tierras, violaciones ambientales o corrupción por parte de algún funcionario. Mientras el país crezca rápidamente, esos abusos pueden ser escondidos debajo de la alfombra. Pero el crecimiento rápido no durará siempre, y el gobierno tendrá que pagar un precio en rabia contenida. El régimen ya no tiene ninguna guía ideológica en torno a la que organizarse; es dirigido por un Partido Comunista, supuestamente comprometido con la igualdad, que preside sobre una sociedad marcada por una dramática y creciente desigualdad.

Así la estabilidad del sistema chino no puede de ninguna forma considerarse garantizada. El gobierno chino argumenta que sus ciudadanos son culturalmente diferentes y siempre preferirán una dictadura benévola, promotora de crecimiento, a una democracia confusa que amenacé la estabilidad social. Pero es improbable que una creciente clase media se comporte en China de forma tan distinta a como se ha comportado en otras partes del mundo. Otros regímenes autoritarios pueden intentar emular el éxito de China, pero hay pocas oportunidades de que buena parte del mundo pueda parecerse a la China de hoy dentro de cincuenta años.

El futuro de la democracia

Existe una amplia correlación entre el crecimiento económico, el cambio social y la hegemonía de la ideología liberal democrática en el mundo actual. Y en este momento, no crece ninguna ideología real plausible. Pero algunas turbadores tendencias económicas y sociales, de continaur, amenazarán la estabilidad de las democracias liberales contemporáneas y destronarán la ideología democrática —tal y como es comprendida en la actualidad.

El sociólogo Barrinton Moore afirmó rotundamente en una ocasión: “Sin burgués no hay democracia.” Los marxistas no consiguieron su utopía comunista porque el capitalismo maduro generó sociedades de clase media, no sociedades obreras. Pero ¿qué pasaría si un desarrollo posterior de la tecnología y la globalización minase la clase media e hiciera posible que sólo una minoría de ciudadanos alcanzase ese status?

Hay ya abundantes señales de que esa fase del desarrollo ha comenzado. Los ingresos medios en Estados Unidos se han estancado en términos reales desde los setenta. El impacto económico de este estancamiento ha sido suavizado hasta cierto punto por el hecho de que muchas familias americanas han pasado a tener dos ingresos durante la pasada generación. Por lo demás, el economista Raghuram Rajan ha argumentado persuasivamente que, dado que los americanos son reacios a comprometerse con una redistribución clara, Estados Unidos ha intentado en su lugar una forma muy peligrosa e ineficaz de redistribución durante la pasada generación, subsidiando hipotecas para casas familiares de bajos ingresos. Esta tendencia, facilitada por una inundación de liquidez llegada de China y otros países, dio a muchos americanos comunes la ilusión de que sus estándares de vida estaban ascendiendo de forma estable durante la década pasada. A este respecto, la ruptura de la burbuja inmobiliaria del 2008-2009 no fue sino una cruel reversión del significado. Los americanos hoy pueden disfrutar de teléfonos móviles baratos, ropas nada caras y Facebook, pero cada vez más no pueden permitirse sus propias casas, o un seguro de salud, o una pensión confortable al retirarse.

Un fenómeno aún más preocupante, identificado por el capitalista inversor Peter Thiel y el economista Tyler Cowen, es que los beneficios de las más recientes olas de innovación tecnológica han crecido de forma desproporcionada para los miembros con más talento y educación de la sociedad. Este fenómeno ayudó a causar el crecimiento masivo de la desigualdad en los Estados Unidos durante la pasada generación. En 1974, el uno por ciento de las familias más ricas se llevaban a casa el nueve por ciento del Producto Interno Bruto; el 2007, esa parte había ascendido hasta el 23.5 %.

El comercio y las políticas fiscales pueden haber acelerado esa tendencia, pero el auténtico villano aquí es la tecnología. En las fases iniciales de la industrialización —la era de los textiles, el carbón, el acero y el motor de combustión interna— los beneficios de los cambios tecnológicos siempre descendieron de forma significativa al resto de la sociedad en términos de empleo. Pero esa no es una ley de la naturaleza. Vivimos hoy en lo que la académica Shoshana Zuboff ha bautizado como “la era de la máquina inteligente,” en la que la tecnología es cada vez más capaz de sustituir más y más elevadas funciones humanas. Cada gran avance de Silicon Valley significa probablemente la perdida de trabajos poco especializados en otras partes de la economía, una tendencia que es improbable que termine de forma inmediata.

La desigualdad siempre ha existido, como resultado de diferencias naturales en talento y carácter. Pero el mundo tecnológico actual magnifica ampliamente esas diferencias. En la sociedad agraria del siglo XIX, la gente con capacidad para las matemáticas no tenía tantas oportunidades para capitalizar su talento. Hoy pueden ser magos de las finanzas o ingenieros de software y llevarse a casa proporciones cada vez mayores de la riqueza nacional.

El otro factor que mina los ingresos de la clase media en los países desarrollados es la globalización. Con la rebaja de los trasportes y el costo de las comunicaciones y la entrada en la fuerza laboral global de cientos de millones de nuevos trabajadores de los países en vía de desarrollo, el tipo de trabajo hecho por la vieja clase media en el mundo desarrollado puede hacerse de manera más económica en otros lugares. Bajo un modelo económico que prioriza la maximización de los ingresos totales, es inevitable que los trabajos sean relocalizados fuera.

Ideas y políticas más inteligentes podrían haber contenido los daños. Alemania ha logrado proteger una parte significativa de su base manufacturera y de su fuerza laboral industrial mientras sus compañías lograban seguir siendo globalmente competitivas. Estados Unidos y el Reino Unido, por otra parte, han seguido siendo globalmente competitivos, han abrazado felizmente la transición a la economía de servicios postindustrial. El libre cambio se convertido menos en una teoría que en una ideología: cuando miembros del Congreso norteamericano intentaron tomar represalias a través de las sanciones comerciales contra China por mantener ésta su moneda infravalorada, fueron acusados con indignación de proteccionismo, como si el juego estuviera igualado. Hubo mucha cháchara feliz acerca de las maravillas de la economía del conocimiento, y acerca de la forma en que peligrosos trabajos fabriles serían inevitablemente reemplazados por trabajadores mejor preparados que harían cosas creativas e interesantes. Se colocó un velo por encima de la dura realidad de la desindustrialización. Se dejó a un lado que los beneficios del nuevo orden se acumulaban desproporcionadamente en una pequeña cantidad de gente de las finanzas y la alta tecnología, con intereses que dominaban la prensa y el diálogo político en general.

La izquierda ausente

Una de las características más sorprendentes del mundo tras los resultados de la crisis financiera es que, hasta ahora, el populismo ha tomado una forma básicamente derechista, no una izquierdista.

En Estados Unidos, por ejemplo, aunque el Tea Party es antielitista en su retórica, sus miembros votan por políticos conservadores que sirven precisamente a aquellos financieros y elites corporativas que pretenden despreciar. Hay muchas explicaciones para ese fenómeno. Incluyen una creencia profundamente impregnada en la igualdad de oportunidades antes que en la igualdad de consecuencias y el hecho de que problemáticas culturales, como el aborto y el derecho a portar armas, se entrecruzan con los asuntos económicos.

Pero la razón más profunda por la que una izquierda populista no se ha materializado es de tipo intelectual. Han pasado siete décadas desde que alguien en la izquierda fue capaz de articular, primero, un análisis coherente de lo que le pasas a la estructura de las sociedades avanzadas cuando emprenden un cambio económico y, después, un programa realista que presente alguna esperanza de proteger una sociedad de clase media.

Las principales tendencias del pensamiento izquierdista de las dos últimas generaciones han sido francamente desastrosas, ya sea como estructuras conceptuales o como instrumentos para la movilización. El marxismo murió hace muchos años, y los pocos viejos creyentes que quedan están listos para el asilo. La izquierda académica lo ha reemplazado con el postmodernismo, el multiculturalismo, el feminismo y la teoría crítica, y alojado otras tendencias intelectuales fragmentadas que están más centradas en lo cultural que en lo económico. El postmodernismo comienza negando la posibilidad de cualquier metarrelato de la historia o la sociedad, recortando su propia autoridad como voz para la mayor parte de los ciudadanos que se sienten traicionados por sus élites. El multiculturalismo valida la condición de víctima de virtualmente cualquier grupo externo. Es imposible generar un movimiento progresista de masas a partir de tan abigarrada coalición: la mayor parte de los trabajadores y de la clase media baja, victimizados por el sistema, son culturalmente conservadores y se sentirían incómodos de ser vistos en compañía de ese tipo de aliados.

Cualesquiera que sean las justificaciones teóricas que subyacen en el programa de la izquierda, su mayor problema es la falta de credibilidad. Durante las últimas dos generaciones, la izquierda mayoritaria ha seguido un programa socialdemócrata que centra en el Estado la entrega de una serie de servicios, como las pensiones, la salud y la educación. Este modelo se encuentra ahora agotado: los Estados de bienestar se han hecho grandes, burocráticos e inflexibles; son a menudo capturados por las mismas organizaciones que los administran, a través de los sindicatos del sector público; y, lo más importante, son fiscalmente insostenibles dado el envejecimiento de la población en casi todo el mundo desarrollado. Así pues, cuando los partidos socialdemócratas llegan al poder, ya no aspiran a otra cosa que ser los custodios del estado del bienestar que fue creado décadas atrás; ninguno tiene un nuevo programa excitante alrededor del que unir a las masas.

Un ideólogo del futuro

Imaginad, por un momento, a un oscuro escriba en una buhardilla en cualquier lugar, intentando trazar la ideología del futuro que facilitará un camino realista hacia un mundo dotado de sociedades sanas de clase media y robustas democracias. ¿A qué se parecerá esa ideología?

Debería tener, por lo menos, dos componentes: político y económico. Políticamente, la nueva ideología necesitaría reafirmar la supremacía de la política democrática sobre la económica y legitimar un nuevo gobierno como una expresión del interés público. Pero la agenda impulsada para proteger la vida de las clases medias no puede descansar simplemente en los actuales mecanismos del estado del bienestar. La ideología necesitaría de alguna manera rediseñar el sector público, liberándolo de su dependencia de los propietarios existentes y empleando nuevas aproximaciones, reforzadas por la tecnología, para acercarse a la entrega de servicios. Tendría que argumentar correctamente a favor de una mayor redistribución y presentar una nueva forma realista de acabar con el dominio sobre la política de los grupos de interés.

Económicamente, la ideología no podría comenzar con una denuncia del capitalismo tal cual, como si el anticuado socialismo continuase siendo una alternativa viable. Es más una variedad del capitalismo la que está en juego y el grado en que los gobiernos deben ayudar a las sociedades a ajustarse al cambio. La globalización no ha de ser vista como un hecho inexorable de la vida sino más bien como un reto y una oportunidad que debe ser cuidadosamente controlada políticamente. La nueva ideología no ve los mercados como un fin en sí mismo; en su lugar, valora el comercio mundial y la inversión hasta donde estos ayudan a una clase media floreciente, no tan sólo a una mayor riqueza nacional total.

Sin embargo, no es posible llegar a ese punto sin hacer una crítica seria y sostenida de gran parte del edificio de la economía neoclásica moderna, comenzando con asunciones fundamentales como que la soberanía de las preferencias individuales y el total de los ingresos dan una medida acertada del bienestar nacional. Esta crítica debería verse obligada a indicar que los ingresos de la gente no representan necesariamente sus auténticas contribuciones a la sociedad. Necesitaría ir más lejos, sin embargo, y reconocer que incluso si los mercados laborales fueran eficientes, la distribución nacional del talento no es necesariamente justa y que los individuos no son entidades soberanas sino seres profundamente marcados por las sociedades que les rodean.

Muchas de estas ideas han estando dando vueltas en fragmentos desde hace algún tiempo; el escriba deberá incluirlas en un paquete coherente. El o ella también deberán evitar el problema de la “dirección equivocada.” La crítica de la globalización tendría que unirse al nacionalismo como estrategia para la movilización de tal manera que defina el interés nacional de una forma más sofisticada que, por ejemplo, las campañas de “compra lo americano” de los sindicatos en Estados Unidos. El producto será una síntesis de ideas —tanto de la izquierda como de la derecha—, separadas de la agenda de los grupos marginales que constituyen el movimiento progresista ya existente. La ideología sería populista; el mensaje comenzaría con una crítica de las élites que permiten que el beneficio de muchos sea sacrificado al de unos pocos y una crítica de las políticas del dinero, especialmente en Washington, que benefician abrumadoramente a los ricos.

Los peligros inherentes en tal movimiento son obvios; una retirada de los Estados Unidos, y en concreto, de su defensa de una sistema global más abierto, podría provocar respuestas proteccionistas en otras partes. En muchos aspectos, la revolución Reagan-Thatcher triunfó en la forma en que sus propulsores habían esperado, al traernos un mundo crecientemente competitivo, globalizado, libre de fricciones. Durante el camino, generó una tremenda riqueza y creó clases medias crecientes a lo largo del mundo en vías de desarrollo, así como la extensión de la democracia. Es posible que el mundo desarrollado esté en la cúspide de una serie de avances tecnológicos que no sólo aumentarán la productividad sino también darán mucho empleo a grandes cantidades de personas de la clase media.

Pero esto es más una cuestión de fe que un reflejo de una realidad empírica de los últimos 30 años, que apunta en la dirección opuesta. En realidad, hay muchas razones para pensar que la desigualdad continuará empeorando. La actual concentración de riqueza en Estados Unidos ya ha llegado al punto de autoperpetuarse: como ha argumentado el economista Simon Johnson, el sector financiero emplea su poder entre los lobbies para evitar las más onerosas formas de regulación. Las escuelas de los acomodados están mejor que nunca; las de los demás continúan deteriorándose. Las élites en todas las sociedades emplean su acceso superior al sistema político para proteger sus intereses, frente a la ausencia de una movilización democrática que les contradiga para rectificar la situación. Las elites norteamericanas no son una excepción a la regla.

Sin embargo, esta movilización no tendrá lugar mientras la clase media del mundo desarrollado permanezca atrapada por la narrativa de la pasada generación: que sus intereses serán mejor servidos por mercados cada vez más libres y estados más pequeños. La narrativa alternativa está ahí afuera, esperando nacer.

* Este ensayo fue publicado originalmente en inglés en el último número de la revista Foreign Affairs. Traducción: Juan Carlos Castillón.

20.12.11

Fernando Botero: el artista millonario


- Es el artista colombiano más exitoso de todos los tiempos. Y, sin duda, el más rico.

Dentro de los 60 cuadros de artistas latinoamericanos más caros vendidos en la historia, Fernando Botero tiene la distinción de aportar nueve de ellos, los cuales suman 13,7 millones de dólares. Esto sin incluir sus esculturas, una de las cuales, Bailarines, impuso un nuevo récord para el artista paisa, al ser subastada en Christie¿s el pasado noviembre por 1,76 millones de dólares. A esta venta le siguió la del cuadro Pareja Bailando, adquirido por 986.000 euros.

En 1983 inició -tras una larga carrera de éxitos- tal vez su etapa más conocida: la exposición de sus esculturas en diferentes ciudades del mundo. El maestro colombiano es probablemente el único artista que ha podido exponer en las avenidas más importantes del mundo, incluyendo los Campos Elíseos de París, la Quinta Avenida en Nueva York, el Paseo de Recoletos en Madrid y las Pirámides de Egipto.

En 1984 vendió su primer cuadro en una de las grandes casas de subastas, Sotheby's, en Nueva York. Un judío colombiano, José Mugrabe, importante coleccionista de Andy Warhol, compró La familia por medio millón de dólares.

Fernando Botero fue un importante coleccionista de arte hasta 1999 cuando donó al Banco de la República 123 de sus obras y cerca de 87 de arte universal valoradas en más de 200 millones de dólares entre las que hay obras de Matisse, Cézanne y Picasso. También le regaló al Museo de Antioquia 103 de sus mejores óleos y dibujos, junto con 18 esculturas por un valor total superior a los 120 millones de dólares.

Hoy en día Botero está casado con la escultora Sofía Vari, y trabaja desde sus estudios en Pietrasanta (es dueño de una casa de 1780 en el corazón de la Toscana italiana), París, Nueva York y Monte Carlo. Con 79 años, el maestro Botero sigue activo, y piensa celebrar sus 80 con exposiciones en varias ciudades del mundo.

Botero es un hombre sencillo, le gusta el vino francés y la buena mesa. Pinta todo el año y para no dejar de hacerlo, compró un yate de 100 pies que bautizó Paloma, lo decoró su hija Lina y ahora también pinta en altamar. Aunque no hay datos exactos sobre su fortuna, Botero es sin duda el más prolífico de los artistas colombianos de todos los tiempos.

Sobre el éxito alguna vez dijo: "Tengo más éxito del que ningún pintor vivo podría desear. ¿Qué me importa que alguien diga que pinto mal, si expongo, por ejemplo, en el Hermitage? No hay que confundir tener éxito con ser comercial".

MÁS:
El caricaturista Vladdo cuenta cómo se gastaría hasta diez millones de dólares

US$100.000: Pago deudas y hago una parranda en Berlín con mi familia y mis amigos.

US$1'000.000: Pago la universidad de Sofía, mi hija; compro un aparta-estudio en Berlín y monto una supersala de redacción de Un Pasquín con sede en Berlín y Bogotá.

US$10'000.000: Lo mismo que con un millón, más: compro un apartamento para mí, otro para Sofía y les regalo casa a un par de amigos vaciados que tengo. Abro sede de Un Pasquín en Berlín, Madrid, Barcelona, Londres, París, Milán, Buenos Aires, Miami y Nueva York.

Otra parte la uso para recoger todos los caballos de las zorras y los perros callejeros de Bogotá y los llevo a vivir en fincas donde puedan pastar y jugar solamente. Otra parte para Reporteros sin Fronteras. Construyo una biblioteca-museo de diseño y periodismo, con aulas y auditorios de capacitación. Me tomo un año sabático dedicado a viajar por el mundo. Y guardo los dos millones restantes.

DON JUAN
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29.11.11

Brasil crea diecinueve millonarios por día desde 2007


Es un cálculo realizado por la revista Forbes, que atribuye el resultado al sostenido crecimiento del PBI, del consumo y del poder adquisitivo de los altos ejecutivos. Estiman que el fénomeno durará al menos otros 3 años

Hace años los ejecutivos brasileños ven crecer sus salarios gracias a la expansión internacional y de facturación de los grandes conglomerados locales.

¿Cómo hizo el cálculo Forbes? Tomó en cuenta la riqueza individual de los brasileños como los valores depositados en cuenta corrientes, inversiones, propiedades, ahorro y otros activos.

Brasil tiene actualmente 137 mil millonarios (el empresario Eike Batista -foto- es un ejemplo) y 30 billonarios. El 70% de ellos vive en Río de Janeiro y San Pablo.

INFOBAE
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2.11.11

Los países ricos no cumplen promesas de ayudar a los pobres

AP Los países prósperos no han cumplido sus promesas de ayudar a los pobres, declararon las Naciones Unidas el miércoles, al señalar que éstos suelen padecer hambre debido al agua contaminada, las sequías y otros factores ambientales que agudizan la pobreza.

En su informe anual sobre la calidad de vida en el mundo, el Programa de Desarrollo de la ONU dijo que debería hacerse más para enfrentar las preocupaciones ambientales internacionales y agregó que la sostenibilidad debe convertirse en un medio de vida a medida que la población supere los 7.000 millones de habitantes.

"La sostenibilidad no es una cuestión exclusiva, ni siquiera primariamente ambiental", dijo la administradora de PNUD, Helen Clark, en la introducción del informe. "Se trata fundamentalmente del modo en que escogemos vivir nuestra vidas, con la conciencia de que todo lo que hacemos tiene consecuencias para los 7.000 millones de nosotros hoy, como también para los miles de millones más que nos seguirán".

El informe notó que la ayuda a los países más pobres aumentó el 23% entre 2005 y 2009, pero que no era suficiente.

"Los países ricos han incumplido constantemente sus compromisos expresos", incluyendo promesas formuladas por el G8, la Unión Europea y las Naciones Unidas de entregar 100.000 millones de dólares anuales para el 2020 a fin de combatir el impacto del cambio de clima en las naciones en desarrollo.

"Las promesas están muy por debajo de las necesidades calculadas, y los desembolsos están muy por debajo de las promesas. La mayoría de los fondos 'nuevos y adicionales' prometidos en la Conferencia de las Naciones Unidas para el Cambio Climático el 2009 en Copenhague no han sido entregados, y menos del 8% de las promesas para el cambio climático fueron desembolsadas en 2010", dijo el informe.

El mes pasado, la población mundial alcanzó los 7.000 millones. La ONU calcula que la población mundial alcanzará los 8.000 millones para el 2025 y 10.000 millones para el 2083.

El informe de PNUD, publicado anualmente desde 1990, dijo que para tener un nivel elevado de vida no se necesita ser impulsado por el carbón ni imitar el ejemplo de los países ricos, y agregó que las emisiones de anhídrido carbónico han sido vinculadas estrechamente con el aumento del ingreso nacional.

Entre los 187 países encuestados, Noruega, Australia y Holanda estaban al tope del Indice de Desarrollo Humano, mientras Congo, Níger y Burundi estaban al fondo.

Estados Unidos está en cuarto lugar, delante de Nueva Zelanda y Canadá. Pero cuando se ajusta el índice teniendo en cuenta las desigualdades en salud, educación e ingresos, algunos de los países más ricos quedaban fuera de los veinte primeros, indicó el informe.

Estados Unidos cae al puesto 23 en esa Lista, Corea del Sur cae del 15 al 32 e Israel del 17 al 25.

19.10.11

¿Por qué gana 'tan poco' el presidente del banco más grande del mundo?


Los presidentes de los bancos más importantes de China reciben ingresos mucho menores de sus pares de EE.UU.

BBC

Jian Jianqing está al frente del mayor banco del mundo, pero su sueldo se parece más al de un contador promedio en EE.UU.Según reveló la agencia de noticias Reuters, el presidente del Banco Industrial y de Comercio de China (ICBC) devengó "sólo" US$150.000 en 2010.

Se trata del 1,5% de los ingresos del director de Bank of America, Brian Moynihan (quien percibe unos US$10 millones) y aún menos que Jamie Dimon, presidente de JP Morgan, quien gana unos US$20,7 millones.

¿La explicación? No tiene que ver con el desempeño de Jian. Él oficialmente lo explicó el año pasado. "No se nos puede pagar más que a los reguladores que nos supervisan", dijo. "Si los reguladores tienen que aceptar una reducción salarial, nosotros vamos a aceptar una reducción salarial". Con este argumento, año con año, Jian ha visto disminuir su sueldo (de los US$240.000 que ganó en 2008). Al igual que a otros presidentes de los bancos más grandes de China, la recesión mundial ocasionó que su salario se viera reducido en los últimos años.

Una banca distinta
A la luz de las protestas frente a Wall Street que cuestionan los beneficios de los bancos a costo de los de los clientes, las compensaciones que ofrecen los bancos chinos a sus directivos se ven como una idílica realidad.

Sin embargo, la verdadera respuesta podría estar en otro lado.

Las instituciones financieras chinas se encuentran bajo la supervisión del Partido Comunista, generalmente están dirigidos por funcionarios nombrados por el gobierno central y éstos forman parte del Comité Central del partido, que es dirigido -en última instancia- por el presidente Hu Jintao. Esto explica el tope en el sueldo de los ejecutivos, que sí cuentan con beneficios de ejecutivos de alto nivel como auto, chofer, seguro médico, alimentación y vivienda.

Pero según los analistas entrevistados por Reuters, revela otras intenciones.

"¿A quién están tratando de impresionar? No están tratando de impresionar a sus accionistas, están tratando de impresionar a los pesos pesados del partido", aseguró a la agencia de noticias Patrick Chovanec, profesor asociado en la Escuela de la Universidad de Tsinghua de Economía y Administración en Pekín.

Un asunto político

China tiene tres de los bancos más grandes de mundo -Banco Industrial y Comercial de China, China Construction Bank Corp y Banco de China- y sus presidentes son los "peor pagados" según la encuesta de Reuters. Sin embargo, su puesto en la cúspide bancaria -con ingresos de un abogado común estadounidense- podría traer una remuneración menos contable pero más significativa: un escalón en la esfera política de élite. "Después de completar su recorrido en un banco, se le asigna un nuevo recorrido obligado, usualmente en un puesto de gobierno", dice Chovanec.

Los ejecutivos de los bancos aceptan esa remuneración "mínima" porque forma parte de una carrera política. Un movimiento estratégico que los colocará en una posición de poder político en el gobierno en el futuro.

Esto explica la dirección tomada por los bancos chinos en los últimos años: dirigidos por el Estado canalizan dinero a empresas vinculadas al gobierno, aunque esto signifique pérdidas cuantiosas.

"Seamos claros, la forma del gobierno chino de funcionamiento de su sistema bancario -ordenar a los bancos que presten sumas colosales a las empresas estatales y al gobierno local cuando la economía está débil, comprando acciones de los bancos cuando el precio de las acciones cae- sólo es creíble debido al enorme superávit del Estado chino: nadie duda de que cuando los préstamos bancarios van mal, China tiene los recursos para recapitalizar y fortalecer sus bancos", explica Robert Peston, editor de economía de BBC.

Entonces, ¿qué es lo que nos está diciendo la diferencia entre la forma china y europea de manejar la banca? En realidad, sólo que, al menos por ahora (y no puede durar), China tiene la credibilidad financiera y económica de hacer más o menos lo que le gusta, y los gobiernos europeos no, asegura Peston.

Notting Hill se debate entre 'glamour' y pobreza

En la calle Portobello, de Notting Hill, se instalaron en los años 80 artistas y anticuarios.Foto: AFP

''Glamour' y pobreza retratan este barrio de Londres, uno de los escenarios de los violentos disturbios de agosto pasado, que dejaron pérdidas por 200 millones de libras y 3.000 arrestos.

Ciudad global. Pocos lugares donde sea tan palpable la mezcla de razas y culturas que hoy es Europa. Entre los funcionarios de inmigración hay sijs de turbante, chinos y caribeños. A bordo del metro, rusos, hindúes, latinos, adolescentes con pañuelo musulmán y iPod. El gentleman de gabardina y maletín resulta una estampa casi exótica. Muchos de sus variopintos vecinos son tan ingleses como él: tienen la nacionalidad británica o están tramitándola.

El escaparate más vistoso de esta babel es el barrio de Notting Hill, hogar del carnaval de Londres y del mercado callejero de Portobello. Fue construido a mediados del XIX como un suburbio para familias londinenses de clase media alta. Con el tiempo, sus herederos dejaron de emplear amas de llaves, criados y cocineras, y los caserones, con dependencias para todos, se convirtieron en inquilinatos. Judíos perseguidos, exiliados españoles e inmigrantes caribeños colonizaron el barrio en olas sucesivas. En 1958, las tensiones entre los negros antillanos y los blancos pobres de la zona estallaron en dos semanas de violencia racista. La comunidad caribeña organizó, en 1959, el primer carnaval, para reivindicar su cultura y su presencia.

Entre los 60 y los 70, el municipio demolió los tugurios más insalubres y rehabilitó las casas victorianas. En la calle Portobello se instalaron artistas y anticuarios, luego vinieron los restaurantes de moda y las tiendas chic. Para los 90, la propiedad raíz figuraba entre las más caras de Londres. Hoy, uno de los antiguos inquilinatos puede costar entre dos y tres millones de libras esterlinas. La revalorización ha encarecido la vida cotidiana. En las viejas tascas de los españoles, una copa de vino cuesta cinco libras, unos 15.000 pesos colombianos. Es el precio de dos mangos jamaiquinos en los puestos de fruta de Portobello.

El productor de cine Peter Montague es uno de los nuevos dueños del barrio. Hace dos años, él y su esposa, Annie, compraron una casa, demolieron los tabiques y la convirtieron en un santuario del confort minimalista. Hasta el verano no se cambiaban por nadie, pero a comienzos de agosto, un tumulto apedreó varias tiendas del barrio y hubo un atraco en un restaurante. Fueron las reverberaciones locales de los graves disturbios que sacudieron por esos días a Inglaterra y, por comparación, no pasaron a mayores: en otros distritos hubo pedreas campales, edificios incendiados, heridos y muertos. Peter atribuye los incidentes a pandilleros de otros barrios que pillaron dormida a la policía. Sin embargo, Annie sigue inquieta.

Por las calles del barrio rondan otros temores y otras vidas. Junto a las flamantes residencias remodeladas, subsisten numerosas viviendas de protección social que el municipio adjudica a personas de bajos recursos. Los inquilinos pagan arriendos subsidiados casi simbólicos. Sin embargo, muchos cobran la ayuda estatal al desempleo y tienen que bandearse al mes con lo que Peter y Annie gastan en un almuerzo. El gobierno conservador está en plena campaña para reducir (y, según algunos, desmantelar) ambos subsidios. Para muchos vecinos del barrio, y de Inglaterra, perderlos significaría saltar de la pobreza a la indigencia.

Entre los damnificados potenciales está Terry Johnson, un adolescente de abuelos jamaiquinos nacido en Notting Hill. Me pide un cigarrillo, conversamos y me invita a conocer su casa. La fachada alta y angosta es idéntica a la de Montague, pero el interior conserva los planos originales: en lugar de los grandes espacios minimalistas hay cuartos contrahechos y tabiques que cortan la luz. Un maremágnum de adornos baratos sepulta los muebles, junto con el desorden de Terry y sus hermanos, Joseph y Demaine. En la casa viven, además, su madre, su abuelo y una tía. Las largas escaleras de madera crujen como en los tiempos de míster Hyde y el doctor Jekyll.

Para sus detractores, los arriendos subsidiados condenan a gente como los Johnson a ser inquilinos de por vida. La posibilidad de comprar con descuento la casa que arriendan -una propuesta bandera del gobierno- es inalcanzable para la mayoría. Para sus hijos, tampoco es fácil vivir en medio del glamour y la riqueza cuando tienen las libras contadas para ir al supermercado. Como Annie Montague, viven inquietos: no pueden sentarse en los cafés, ni comer en los restaurantes, solo mirar desde fuera el mundo feliz de las vitrinas. Como me contesta Terry cuando pregunto si, a pesar de todo, están orgullosos de ser del barrio: "Somos los extras de la película. Nadie nos ve".

El pasado 9 de agosto, un vecino de los Johnson recibió en su celular una foto de una vitrina incendiada. Fue uno de varios mensajes que, según las autoridades británicas, alentaron a muchos jóvenes como ellos a unirse a los disturbios del verano. El detonante de la revuelta fue la muerte de Mark Duggan, un hijo de inmigrantes abatido en una redada policial en Tottenham. La vertiginosa vorágine que siguió -antes de 24 horas había saqueos e incendios en medio Londres, antes de 72, en media Inglaterra- es tema de otra crónica, pero las cifras dan una idea: hubo 3.000 arrestos y pérdidas por 200 millones de libras.

Terry estaba en cama con fiebre, pero su hermano Joseph salió esa noche a sembrar el terror por Notting Hill. No pretendía derrocar al gobierno, ni siquiera cobrársela a la policía: sólo estar ahí y ser parte de los acontecimientos. La señora Johnson consiguió encerrarlo en su casa al otro día. Varios de sus amigos están citados ante un juez de menores por el asalto a una tienda de ropa deportiva y accesorios, uno de los rubros más afectados por los saqueos. Como más de la mitad de los protagonistas de la revuelta, ninguno ha cumplido 16 años. Son niños.

En la Inglaterra de la reina Isabel y de la Cámara de los Lores, el clasismo es atávico. La Segunda Guerra Mundial y el esfuerzo compartido de la reconstrucción alentaron políticas de solidaridad, como los arriendos subsidiados.

Hoy, como en casi todo el mundo, estas políticas se baten en retirada. La brecha entre pobres y ricos se ahonda debido a un individualismo que apenas registra la necesidad ajena.

En Latinoamérica, estas desigualdades abismales son más que conocidas: han sido el caldo de cultivo de innumerables niños sicarios, narcotraficantes y guerrilleros. Estas dolorosas lecciones de nuestra historia hoy podrían resultar invaluables para las sociedades del primer mundo, donde tantos jóvenes, como los Johnson, crecen como ciudadanos de tercera. No está de más recordárnoslas antes de que sea tarde.

(El autor, Juan Tafur, colombiano, ha publicado 'La pasión de María Magdalena' (del que vendió 50 mil ejemplares) y 'El viajero de los dos mundos'. Su libro más reciente es '99 lugares para hablar con Dios').

EL TIEMPO

28.9.11

La vivienda de 1.000 dólares diseñada por arquitectos en Estados Unidos


- La idea es volver asequible una vivienda decente para millones de pobres.

Los arquitectos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) trabajan intensamente en el diseño de unos modelos de vivienda para los más pobres, cuyo costo no exceda los mil dólares.

“De la misma forma como unos ingenieros tomaron la iniciativa de fabricar computadores de 100 dólares para llevar mejor educación a los niños sin recursos económicos, nosotros trabajamos en hacer viable la construcción de vivienda decente para las familias más pobres”, sostuvo el director del Centro de Arquitectura de MIT, Tony Ciochetti.

La idea de hacer casas baratas y seguras, le surgió desde hace tres años, luego del terremoto que sacudió a la provincia de Sichuan (China), y de observar de primera mano las precarias condiciones de vivienda en las zonas rurales de India, donde la gente se alberga en chozas con piso de tierra.

El primer prototipo fue idea del alumno recién graduado, Ying Chi Chui, quién construyó un prototipo en el pueblo de Mianyang, en dicha zona.

Bajo el concepto de un sistema modular, la primera casa quedó lista para resistir sismos de hasta 8 grados de intensidad.

Sin embargo, por el tamaño mayor del área construida, unos 800 metros cuadrados, esta alternativa preliminar resultó costando 5.925 dólares en el 2099.

“Una versión más pequeña bajó a 4.000 dólares, pero con las nuevas investigaciones, orientadas al uso de materiales reciclados, el valor podría seguir reduciéndose hasta alcanzar la meta de tener una solución adecuada en 1.000 dólares”, sostuvo el director del MIT.

PORTAFOLIO

19.9.11

La banda ancha es la nueva división entre las naciones

La velocidad de acceso abre una brecha cuando la inclusión digital aún no se logró.

Un informe de Naciones Unidas indica que tras nivelarse las diferencias en tecnología, la banda ancha de internet es la nueva brecha entre ricos y pobres.

Una nueva brecha tecnológica se abre entre los países ricos y los pobres, la de la bancha ancha para acceso a internet.

De acuerdo con un informe publicado por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), el acceso a la internet, y particularmente a la banda ancha fija, da idea del grado de desarrollo de los países, mejor que la tradicional medición basada en la telefonía.

"Justo cuando estábamos teniendo éxito en reducir la división digital original estamos viendo aparecer una nueva brecha, quizá más significativa: entre aquellos que disfrutan acceso rápido a un mundo en línea crecientemente rico en contenidos multimedia y aquellos que sufren con lentas conexiones vía telefónica", dice el reporte titulado "Banda Ancha: ¿la nueva división digital?".

Según la UIT, un organismo técnico de Naciones Unidas que agrupa a 191 países y más de 700 empresas del sector de telecomunicaciones, a principios del siglo XXI habían menos de 500 millones de celulares, mientras que hoy se registran cerca de 5.300 millones.

Por eso los técnicos del organismo consideran que la variable que con mayor precisión indica el grado de conexión y acceso a las comunicaciones de una sociedad es la disponibilidad de banda ancha.

Mundo interconectado

Para fines del 2010 un 30% de la población mundial, unos 2.000 millones de personas, estaba "en línea" o "conectada", en comparación con el 6% de diez años atrás.

Edgar Rincón,
periodista venezolano

Pero mientras dos tercios de los hogares de las naciones desarrolladas gozan de algún tipo de conexión, sólo lo tiene el 16% en las naciones más pobres, a pesar del notable crecimiento que la UIT dice observar en el número de internautas en China, Brasil, Rusia o India.

Las diferencias crecen más cuando se compara el acceso a banda ancha fija, distribuida por líneas telefónicas o sistemas de cables: en los países industrializados el nivel de penetración es del 24%, mientras en el resto del mundo sólo llegó a un 4,2%.

Pero la conectividad no es un tema sólo de datos técnicos, según señaló a BBC Mundo el periodista venezolano especializado en temas de tecnología, Edgar Rincón.

"Quizá China tiene un gran ancho de banda pero los ciudadanos no tienen un acceso a la información como podrían tenerlo la mayoría de los ciudadanos en América Latina", explicó Rincón.

"De nada te sirve tener grandes conexiones como las que tiene China y tener gran cantidad de gente conectada a internet si hay esa Gran Muralla que te impide salir al mundo, o hay restricciones de acceso como en China, donde ni puedes entrar a Facebook o a YouTube".

Futuro inalámbrico

Sin embargo, el informe explica que en el mundo desarrollado el crecimiento de la banda ancha fija ha bajado su ritmo, en beneficio de la internet de alta velocidad inalámbrica distribuida por torres de celulares, cuyas suscripciones entre 2009 y 2010 crecieron en 160%.

Mientras en las naciones industrializadas la evolución de los dispositivos móviles favorece el desarrollo de la internet inalámbrica, en países más pobres esa podría ser una tecnología para mejorar el acceso.

En ciudades con grandes sectores urbanísticamente informales, donde algunos servicios básicos como telefonía fija, luz o agua suelen no llegar por falta de redes de distribución, lo inalámbrico puede ser la solución.

"Ante la imposibilidad de lo operadores telefónicos de llegar con sus cables a las casas, el interés del mercado se ha dirigido al internet móvil", explica Rincón.

"Ahí es donde entran los Estados, en facilitar anchos de banda, los espectros necesarios para que las operadoras pueden montar redes de alta velocidad de transmisión de datos y puedan llegar a la mayor cantidad de personas en un país".

Internet derecho humano

En julio pasado, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU declaró que el acceso a internet era un derecho humano por ser una herramienta que facilita a las sociedades ejercer el resto de sus derechos.

La declaración del organismo multilateral se produjo luego de los eventos de la llamada Primavera Árabe, que según muchos observadores se nutrió de la información que vía móviles o redes sociales lograron esparcir los ciudadanos de países donde la comunicación estaba férreamente controlada.

En su reporte al Consejo, el Relator Especial Frank La Rue, sobre la promoción y protección del derecho a la libre opinión y expresión, la promoción del uso de internet "debe ser una prioridad para los estados".

"La naturaleza única y transformadora de la internet no sólo permite a los individuos ejercer su derecho a la libre opinión y expresión, sino también una cantidad de otros derechos humanos y para promover el progreso de la sociedad toda", escribió La Rue.

Al final, como ratifica la ONU, son los estados los que deben tomar las decisiones técnicas y políticas que ayuden a garantizar la mejor conexión para sus ciudadanos.

"El principal escollo radica en que los gobernantes de los países entiendan que estar conectados al mundo no es un peligro, no es una espada de Damocles, sino que es la tendencia a la universidad de las comunicaciones", aseguró Edgar Rincón.

Pero hay otras variables como tecnologías o costos que condicionan el uso que pueden hacer de internet los ciudadanos, y al menos en el caso de Cuba, un factor politico adicional que dificulta el acceso a ese mundo crecientemente interconectado.

BBC MUNDO

La sociedad de EE.UU. se aproxima a la desigualdad en América Latina

Muchos analistas auguran el fracaso del proyecto del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, de subir los impuestos a los ricos, pero al menos su plan ya ha tenido el notable efecto de sacar a relucir la creciente desigualdad entre clases en el país.

Algunos medios estadounidense como la revista The Atlantichan destacado que la diferencia de ingresos entre los más ricos y los más pobres de EE.UU. ha superado en la última década a la de varios países de Latinoamérica, tradicionalmente considerada la región más desigual del mundo.

Estados Unidos ha superado en desigualdad a Venezuela, según el coeficiente Gini, una fórmula que es usada por la agencia de inteligencia estadounidense, la CIA, en su Libro de Datos del Mundo, una fuente ampliamente usada por académicos y periodistas.

Desde hace décadas, la sociedad estadounidense ha sido mucho más desigual que las de otros países desarrollados como los europeos, pero las diferencias de clase eran menores que las que existían en los países de América Latina.

En la última década, sin embargo, países como Chile, Brasil o México redujeron su desigualdad, mientras que en EE.UU. ocurrió lo contrario.

Aunque según los analistas las diferencias de ingresos entre ricos y pobres en EE.UU. comenzaron a ensancharse a finales de los años setenta, muchos señalan que en la última década el proceso se aceleró tras la llegada al gobierno del presidente George W. Bush (2001-2009) y la reducción de impuestos a los ricos y reducción del gasto en programas sociales adoptadas bajo su mandato.

De acuerdo con los datos de la Oficina Presupuestaria del Congreso, el 1% más rico del país concentra el 19,4% de los ingresos, el doble que en 1979 y más que el 40% más pobre.

Paridad de compra

¿Supone este crecimiento de la desigualdad que sus clases medias y bajas viven peor que las de los países latinoamericanos que han reducido las diferencias de ingresos?

Stephen J. Rose, profesor de la Universidad de Georgetown, responde que indudablemente no es así.

"La desigualdad es un dato relativo y otros indicadores como la paridad de poder de compra nos transmiten una idea más fiable del estándar de vida de un país como la paridad de poder de compra", asegura Rose en conversación con BBC Mundo.

"Por ello", continúa Rose, "no se puede cuestionar que un ciudadano estadounidense con ingresos medios o incluso bajos vive mejor que alguien que se sitúe en el mismo lugar de la escala en un país de Latinoamérica".

Aunque el profesor de Harvard Christopher Jencks también tiene reservas respecto a las comparaciones con el coeficiente Gini, él cree que estos datos reflejan una tendencia preocupante.

Jencks le dijo a BBC Mundo que cada vez más el conjunto de EE.UU. corre el riesgo de parecerse a un Estado como Texas, donde los indicadores sociales son "terribles".

"Un alto número de madres solteras, de divorcios, resultados escolares muy mediocres, abandono escolar...", enumera él como ejemplo, y lo atribuye a la reducción del gasto público en educación y otras inversiones sociales.
"Guerra de clases"

Jencks cree que el plan de aumento de impuestos de Obama es una medida que avanza en la dirección correcta, aunque desde el principio los congresistas republicanos ya han anunciado que se opondrán a ella y han criticado al presidente por haber prendido la llama de una guerra de clases.

Obama ya mostró su disposición en 2007, cuando era candidato presidencial, a subir los impuestos a los ricos para acabar con la desigualdad creciente en el país.

"Tenemos los mayores niveles de desigualdad desde la Gran Depresión (años treinta)", dijo Obama en una entrevista al diario The New York Times.

Otros expertos que han comentado los planes de Obama son más escépticos respecto a la posibilidad de que el plan de la Casa Blanca pueda servir para reducir la desigualdad.

Han apuntado que las diferencias entre ricos y pobres están creciendo en todo el mundo y lo seguirán haciendo a causa de la globalización y los adelantos tecnológicos.

15.9.11

Brasil reduce la brecha entre ricos y pobres

Brasil reduce la brecha entre ricos y pobres
El crecimiento de la economía entre 2004 y 2009 permitió reducir en 5,6% la histórica desigualdad, según un estudio del gubernamental Instituto de Pesquisas Económicas Aplicadas. Además, se registró una importante alza en los ingresos.

La desigualdad económica entre los brasileños disminuyó los últimos años, mientras que sus ingresos reales tuvieron un fuerte aumento, según un estudio oficial divulgado en Río.

El estudio del gubernamental Instituto de Pesquisas Económicas Aplicadas (IPEA) informó que el ingreso medio real subió un 28%, lo que benefició a todos los estratos sociales pero, en especial, a aquellos de menos recursos, según el IPEA.

"Esa evolución en la distribución de ingresos fue, en gran parte, motivada por el crecimiento económico y la generación de empleos", señaló el estudio. "También contribuyeron los cambios demográficos y el lento aumento en la escolaridad de la población adulta", agregó.

El documento destacó como gran novedad en el período analizado las políticas sociales emprendidas bajo el gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010), que propició aumentos reales en el salario mínimo y expandió las transferencias de ingresos hacia los más pobres.

En 2004, el ingreso promedio de los brasileños era de 495,12 reales y subió a 634,65 reales en 2009 (de 291,2 a 373,3 dólares al cambio actual).

En tanto, la desigualdad en Brasil pasó de 0,565 a 0,538 en ese período, medido por el índice Gini, que determina el grado de desigualdad en una escala de 0 a 1, en la que más cerca de 1 significa más desigualdad.

Comparativamente, Suecia es uno de los países menos desiguales del mundo con un índice Gini de 0,23, mientras que Namibia aparece como uno de los más desiguales con 0,707.

El estudio dio cuenta también de una disminución en el número absoluto de los pobladores en condiciones de pobreza.

La población en pobreza extrema pasó de 15 millones a 9 millones en el período analizado, mientras que los pobres pasaron de 28 millones a 18 millones, según el informe. Brasil tiene actualmente una población de 190 millones de habitantes.

Aquellos pobladores que superan la línea de pobreza pero se consideran vulnerables por sus bajos ingresos pasaron de 82 millones a 81 millones.

"La disminución del tamaño de los tres estratos de bajo ingreso implica una movilidad social ascendente", señaló el informe.

No obstante, destacó que persiste una concentración de los pobladores debajo de la línea de pobreza en las regiones norte y noreste del país, pese a que las políticas sociales del gobierno se concentraron en esas regiones.
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Cómo ahorra el pobre

Si una persona quiere acumular riqueza, independientemente de su status económico, no tiene sino dos opciones: o “gastar menos” o “ganar más”. ¡No hay soluciones milagrosas! Ahora bien, en la práctica esas alternativas se reducen a una: “reducir los gastos”, porque es la única que está bajo su control inmediato.

La alternativa de “ganar más” requiere de tiempo y esfuerzo adicionales. Sin embargo, el gastar menos, si se hace inteligentemente, poco a poco ayuda a ganar más, a través del rendimiento de los ahorros bien invertidos.

Fácil en teoría, pero no tanto en la práctica. ¿Cómo puede gastar menos una persona a la que el dinero no le alcanza ni para cubrir las necesidades del día a día?

¡Un argumento realmente difícil de rebatir!

Un artículo de Moisés Naim, uno de los más prestigiosos comentaristas sobre temas económicos en Iberoamérica, vino en mi ayuda. En el mismo, el autor comentaba la reciente publicación de un libro sobre el tema de la pobreza en el mundo, que lleva por título “Poor Economics”, de los autores Abhijit V. Banerjee y Esther Duflo, ambos profesores del MIT (Massachusetts Institute of Technology) y fundadores de la organización J-PAL, dedicada a buscar la reducción de la pobreza en el mundo a través de políticas basadas en evidencias científicas.

El libro es el resultado de un estudio realizado por su organización entre las comunidades más pobres de 18 países de los cinco continentes. Según comentaba Moisés en su artículo, el libro tenía la respuesta que yo estaba buscando: ¿cómo pueden ahorrar los pobres? Por supuesto, pedí el libro inmediatamente en Amazon.com, señala el analista financiero Rigoberto Puentes.

Los autores realizaron esta investigación sobre el sector que ellos llaman “los más pobres entre los pobres”, referido a personas que devengan menos de US$0.99 al día (127,71 bolívares al mes). Basados en sus investigaciones, los autores llegan a la conclusión de que la principal barrera para ahorrar está más relacionada con el aspecto psicológico que con el área financiera. De acuerdo con su información, la principal causa de la falta de ahorro no está en lo poco que ganan sino en la falta de auto-control para dedicar una parte de sus ingresos al ahorro. Por supuesto, esto no es nada nuevo; todos sabemos que la autodisciplina es un factor determinante a la hora de tratar de ahorrar. Lo que sí es nuevo es que el mismo concepto aplique a aquellas personas que se suponía que no ahorraban simplemente porque no les alcanzaba el dinero.

Los más pobres, al igual que las demás personas -dicen los autores-,también piensan en el futuro y saben que, a menos que se ganen la lotería para sentirse ricos de la noche a la mañana, no tienen otra alternativa más que el ahorro para acumular alguna riqueza para el futuro.

Las conclusiones, por supuesto, están basadas en casos investigados, como los que se mencionan a continuación:

* El caso del fertilizante: en una provincia rural de Kenia, la gran mayoría de los pequeños agricultores no usaba fertilizante debido a que no tenía dinero para comprarlo. Para solucionarles el problema, los investigadores les regalaron el fertilizante para la siguiente siembra.

El resultado de la cosecha, por supuesto, fue concluyente: el rendimiento aumentó en un 70%. Un resultado por demás evidente de los beneficios económicos del uso del fertilizante. Sin embargo, al continuar la investigación en la siguiente temporada, se dieron cuenta de que la mayoría de los agricultores que había obtenido tan significativo aumento en el rendimiento de la cosecha no estaba usando fertilizante.

Al preguntarles el por qué, la respuesta fue que no tenían dinero para comprarlo. ¿Qué habían hecho con el dinero recibido en la cosecha anterior? ¡Lo habían gastado, sin dejar para el abono! Algunos habían intentado comprarlo, pero al no estar disponible en la tienda el día que ellos tenían el dinero, la plata se había usado para otros fines.

Sin embargo, otros que sí habían tenido la suerte de encontrar el abono en el almacén cuando aún tenían el dinero, lo habían adquirido y lo habían guardado hasta la siguiente siembra. Los investigadores concluyeron que era una cuestión de oportunidad; era necesario tener el fertilizante disponible para cuando los parceleros tuvieran el dinero.

Así que implementaron un programa de bonos que les vendían a los agricultores tan pronto recogían la cosecha y antes de que se gastaran el dinero en otras cosas. De esta forma los agricultores ahorraban en bonos para comprar el fertilizante y no tenían la tentación de gastarlo en otras “emergencias”. La mayoría compraba los bonos inmediatamente vendían la cosecha, temiendo que si tenían la plata en su poder por mucho tiempo ésta podría esfumarse.

* Un ahorro costoso: Cuentan también los autores el caso de una mujer en India que, conociendo su falta de disciplina para ahorrar, había obtenido un préstamo de 10.000 rupias (US$621) en una entidad de microcrédito pagando el 24% anual, con el compromiso de pagarlo en cuotas semanales.

Inmediatamente recibió el préstamo colocó todo el dinero en una cuenta de ahorros que le generaba el 4% anual. Cuando se le preguntó por qué hacía ese negocio tan absurdo a los ojos de los investigadores, ella respondió que necesitaba reunir esa cantidad para los gastos de boda de su hija que se casaría dos años más tarde y era la única forma de tenerlos. Los investigadores entonces le preguntaron si no tenía más sentido aportar el dinero que iba a pagar semanalmente por el crédito, en una cuenta de ahorros.

La respuesta de la señora fue que eso era imposible, porque siempre se presentaban emergencias que no le permitían aportar todas las semanas o que podían obligarla a retirar el dinero ahorrado. Mientras conversaban con la señora se acercó otro grupo de mujeres, asombradas de la ignorancia de los investigadores: ¿acaso ellos no sabían que eso era una práctica normal entre la gente del lugar?

La conclusión es que la imposición de pagar el crédito les servía para obviar las emergencias y pagar disciplinadamente las cuotas, mientras que el aporte para ahorrar, al no ser obligatorio, no les imponía esa disciplina.

* Un ladrillo a la vez: En muchos lugares, principalmente en Marruecos, la forma más común de ahorrar es la de construir la vivienda poco a poco. De esta manera las familias, en la medida en que disponen del dinero, compran materiales antes de tener la tentación de gastarlo en otras cosas.

Un día pueden comprar unos ladrillos y cemento y construyen un cuarto; otro día compran el techo, o una puerta, o una ventana, y así, poco a poco, muchas veces durante varios años, van ahorrando y construyendo la vivienda para la familia.

Ésa es su forma de ahorrar. Por supuesto es un sistema de altísimo riesgo. Muchísimas viviendas se quedan sin terminar o son arrasadas por las lluvias. Pero, en esos sectores, la gente no tiene otra alternativa y algunos logran, al cabo del tiempo, tener una vivienda habitable.

* Los clubes de ahorro: Uno de los sistemas más creativos que han encontrado para ahorrar es la de los “clubes de ahorro”, los cuales se han desarrollado en India y en algunos países de África, como “Self-helpgroups” (Grupos de ayuda mutua o Asociaciones de rotación de ahorro y crédito).

Los asociados se reúnen periódicamente y aportan una suma a un pote común con el cual acumulan un monto suficiente para prestar, de forma rotativa, a los miembros que lo requieran.

La conclusión de los autores es que el optimismo y la esperanza de una vida mejor son unos fuertes incentivos para ayudar a la gente, aun a los más pobres, a ahorrar; pero, por otra parte, requieren de sistemas que les ayuden a autocontrolarse para poder hacerlo.

- ¿Qué gastos pueden recortar los más pobres?

Los investigadores encontraron que estas personas, cuando se decidían a ahorrar, lo hacían disminuyendo sus gastos en té, tabaco, alcohol, “snacks” y celebraciones.

Creo que las anteriores investigaciones son una respuesta a la pregunta del principio de este artículo: si una persona que gana US$0,99 al día de forma irregular puede ahorrar, con mayor razón debe poder hacerlo una persona que dispone de un ingreso fijo y un sistema estructurado (fondo de pensión y otros beneficios).

Pienso que es cuestión de vivir el presente de acuerdo con sus posibilidades y de mirar el futuro con optimismo y esperanza de una vida mejor.

Probablemente el factor que hace falta para las personas de salario mínimo es la ayuda para administrar eficientemente sus ingresos a través de programas idóneos de educación sobre economía y finanzas personales.

Rigoberto Puentes