Víctor Vargas es un banquero amante del polo que tiene seis casas y una flota de jets de lujo. Uno esperaría verlo en problemas en la Venezuela de Hugo Chávez, quien ha jurado construir una sociedad sin clases.
Sin embargo, Vargas, de 55 años, sigue prosperando. Su Banco Occidental de Descuento se está expandiendo en medio de un auge económico impulsado por el petróleo. Al igual que otros banqueros, ha lucrado con la avalancha de deuda emitida por el gobierno. Y los años de Chávez han hecho poco para frenar el amor por la riqueza que tiene Vargas.
"La gente escribe historias sobre mí diciendo que tengo una Ferrari, un avión y un yate", dijo durante una entrevista en una de sus casas, que queda en el acaudalado barrio Country Club en Caracas. "Pero no es verdad. Tengo tres aviones, dos yates, seis casas. ¡He sido rico toda mi vida!".
Boda de lujo
Vargas, un hombre deportivo y meticuloso, está prosperando sin percatarse apenas de las recetas socialistas de Chávez. A la fiesta de matrimonio que organizó para su hija en su mansión en República Dominicana llegaron más de 1000 invitados. La cena fue preparada por el exclusivo restaurante Le Cirque de Nueva York y el entretenimiento musical corrió a cuenta de Juan Luis Guerra. El novio, Luis Alfonso de Borbón, es el bisnieto del dictador español Francisco Franco.
La lista de los invitados al matrimonio ilustra la destreza de Vargas a la hora de cultivar contactos en todo el espectro de la polarizada sociedad venezolana. Asistieron altos funcionarios de Chávez y figuras de la oposición, como Manuel Rosales, que fue candidato presidencial en 2006.El éxito de Vargas subraya la durabilidad de la élite del país, sin importar quién está en el poder. "Venezuela ha desarrollado una cultura empresarial especial, donde el juego tiene lugar en medio de una alta inflación y otras distorsiones", dice Gilbert W. Merkx, que dirige el Centro de Estudios Internacionales de la Universidad de Duke. "Uno puede volverse muy rico o perder mucho dinero en este juego, y siempre se complica más a medida que las distorsiones empeoran."
En estos momentos, el juego está en pleno desarrollo. Venezuela lidera el hemisferio occidental con una inflación anual de 22,5%. La moneda local ha perdido la mitad de su valor en los últimos doce meses, mientras que el mercado negro para los dólares florece. Para prevenir la fuga de capitales, Chávez proscribió las transferencias internacionales de dinero y prohibió a la prensa mencionar el mercado negro. Así que ahora algunos lo llaman "el mercado que no puede ser mencionado".
Jugar con el mercado
Los banqueros han acumulado dinero al aprovechar la enorme brecha entre las tasas de cambio oficiales y las del mercado negro. Una manera de hacerlo es comprar bonos del gobierno denominados en dólares, que tienen la tasa oficial de 2,15 bolívares fuertes por dólar, y revenderlos a inversionistas a precios que se acercan a la tasa del mercado negro, que es de 5,50 bolívares fuertes por dólar. En medio de un auge económico, la ganancia neta del banco de Vargas se ha casi triplicado desde 2002 para alcanzar los US$ 150 millones.Desde luego, hacer negocios bajo Chávez no es siempre fácil y acarrea sus riesgos. El presidente ha expropiado participaciones mayoritarias en varios consorcios petroleros —incluyendo uno que pertenece a Vargas— y rutinariamente amenaza con apropiarse de otras industrias.
Vargas dice que su estrategia de supervivencia es ser un agnóstico en cuanto a la política.
En 2002, ayudó a convencer a otros banqueros a no unirse a las huelgas encabezadas por las empresas que buscaban la salida de Chávez del poder. Como presidente de la Asociación Bancaria de Venezuela contribuye a negociar las regulaciones del sector. "Un hombre de negocios tiene que lidiar con su gobierno, sin importar cuán a la derecha o a la izquierda esté", dice Vargas.
Sus contactos en las altas esferas del gobierno han llevado a sus detractores a decir que de repente se volvió rico como "el banquero de Chávez". Vargas replica que sólo se ha encontrado dos veces con Chávez y que, además, él siempre ha sido rico. Posee desde hace décadas su mansión en República Dominicana.
Vargas es el hijo de un doctor y de la primera jueza de la Corte Suprema por Venezuela. Siendo joven se casó con una mujer perteneciente a una de las familias mejor conectadas de Venezuela, el clan Santaella.
Pese a su fortuna y amor por los yates y aviones privados, Vargas dice que es un hombre humilde que se preocupa profundamente por Venezuela. Opera tres fundaciones que ayudan a los pobres. Dice que les habla a sus guardaespaldas y chóferes con el mismo tono que usa con sus socios en los negocios. Los empleados de su banco reciben aumentos salariales todos los años, excepto aquellos que deberían ser despedidos, dice. "Soy un socialista en el sentido real de la palabra."
Por John Lyons The Wall Street Journal Américas link




























